La Subsecretaría de Desarrollo Regional (SUBDERE) elabora el Índice de Competitividad Regional (ICR) que mide la capacidad de cada región para generar bienestar de manera sostenida. No se trata solo de crecimiento económico: el índice integra tres dimensiones fundamentales —productividad, calidad de vida y sustentabilidad— que, en conjunto, reflejan las condiciones reales en que viven las personas. Este 2026, SUBDERE ha publicado el análisis del ICR para el periodo 2014-2023.
En los resultados más recientes, La Araucanía se ubica en el grupo de regiones con menores niveles de competitividad del país. Este rezago no es nuevo ni circunstancial: responde a brechas estructurales que se han mantenido en el tiempo. Entre las principales debilidades destacan la baja diversificación productiva, menores niveles de ingreso, alta informalidad laboral y rezagos en capital humano avanzado. A ello se suman dificultades en acceso a servicios y desigualdades que impactan directamente en la calidad de vida.
La competitividad regional no es solo un concepto técnico: es una radiografía de las oportunidades reales que tienen las personas según el territorio donde viven. En el caso de La Araucanía, el ICR muestra una realidad compleja, pero también con potencial. La región presenta fortalezas relevantes: cuenta con un importante capital natural, una fuerte identidad cultural, y sectores con potencial de desarrollo como el turismo, la agroindustria y la economía vinculada a recursos naturales. Además, en la última década se observan avances graduales en algunos indicadores sociales, lo que demuestra que el progreso es posible.
El problema de fondo es que estos avances han sido más lentos que en otras regiones, por lo que la distancia relativa se mantiene. ¿Qué hacer entonces? Primero, es fundamental apostar por una estrategia de desarrollo productivo que diversifique la economía regional, agregue valor y genere empleos de calidad. Segundo, invertir decididamente en capital humano —educación, capacitación y retención de talento— es clave para cambiar la trayectoria de largo plazo. Tercero, fortalecer la infraestructura y la conectividad, tanto física como digital, permitirá integrar mejor a la región con el resto del país.
Pero hay un elemento adicional que no se puede ignorar: la necesidad de fortalecer la confianza y la gobernanza territorial. Sin condiciones de estabilidad y coordinación, cualquier estrategia de desarrollo pierde efectividad. La Araucanía no parte desde cero. Tiene recursos, identidad y oportunidades. El desafío es transformar ese potencial en desarrollo real y sostenido. La competitividad, en este contexto, no es un fin en sí mismo, sino el camino para mejorar la calidad de vida de quienes habitan la región.
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Patricio Ramírez R.
Coordinador Observatorio Económico Social
Director de Ingeniería Comercial
Universidad de La Frontera