La Encuesta Suplementaria de Ingresos (ESI) 2025 vuelve a confirmar una realidad estructural: La Araucanía se mantiene entre las regiones con menores ingresos del país, reflejando brechas profundas en su mercado laboral. El ingreso mediano regional alcanza $550.232, ubicándose muy por debajo de regiones como Antofagasta ($830.350) o la Metropolitana ($740.312). Esta distancia no solo evidencia rezago económico, sino también una estructura productiva menos intensiva en capital humano y productividad.
A nivel de ingreso promedio, la región registra $729.127, cifra que también se sitúa bajo el promedio nacional, reforzando la idea de que el problema no es solo distributivo, sino de generación de ingresos. Uno de los rasgos más críticos es la fuerte segmentación del mercado laboral. En La Araucanía, los trabajadores informales perciben en promedio $397.670, menos de la mitad de los ingresos formales ($892.345). Más aún, el 50% de los informales gana $299.221 o menos, lo que revela un núcleo importante de empleo precario. Esta dualidad limita las trayectorias laborales y perpetúa la vulnerabilidad de amplios grupos.
Las brechas también se expresan con fuerza en dimensiones estructurales. La desigualdad por pertenencia a pueblos originarios es significativa: quienes se identifican como tales perciben $563.939 en promedio, frente a $806.342 de quienes no. En términos medianos, la diferencia es de $500.000 versus $600.000 en desmedro de los pertenecientes. Esta brecha refleja no solo desigualdades laborales, sino también barreras históricas de acceso a educación, redes y oportunidades productivas.
En materia de género, si bien la brecha en ingresos asalariados (-6,7%) es menor que en años previos, sigue siendo significativa. A ello se suma una alta proporción de trabajadores en tramos bajos de ingreso: hasta un 20,5% de hombres y 14% de mujeres gana uno o menos salarios mínimos, lo que evidencia una base salarial comprimida.
Las lecciones son claras. Primero, el desafío central no es solo redistribuir, sino elevar la productividad regional, lo que implica diversificar la matriz productiva y fortalecer la inversión. Segundo, reducir la informalidad es clave para mejorar ingresos y protección social. Tercero, cerrar brechas estructurales —especialmente las asociadas a origen indígena y capital humano— requiere políticas focalizadas de largo plazo. La Araucanía enfrenta, en síntesis, un problema de calidad del empleo más que solo de cantidad. Superarlo exige articular políticas laborales, educativas y productivas que permitan transitar desde una economía de bajos ingresos a una de mayores oportunidades.
Patricio Ramírez R.
Coordinador Observatorio Económico Social FCJE
Director de carrera Ingeniería Comercial